Hace unos meses hablaba con una amiga de lo mucho que me ha liberado perdonar. Cuando lo decía no sabia la grandeza de mis palabras, pero si sentía en mi interior algo que hacia mucho tiempo no sentía, pura y plena paz.
Esto no es religión, no es formación en la fe, es simple ley de vida, el perdón libera.
Necesitamos aprender a perdonarnos a nosotros mismos por nuestros errores del pasado, no culparnos y recriminarnos por lo que hoy estamos viviendo a consecuencia de una “mala decisión”, debemos aprender a pensar diferente, aprender a sobrellevar nuestro presente e intentar mejorar nuestro futuro día a día. Pero para eso necesitas dejar ir esa culpa que te aqueja todas las mañanas, perdonarte y perdonar a quien te fallo.
Perdonar no significa que aprobamos lo que paso, lo que hicimos o nos hicieron, significa que lo aceptamos, que aprendimos la lección, que no nos interesa guardar rencores absurdos que solo atrasan nuestro caminar; perdonar significa aceptar, avanzar, superar.
Muchos se preguntaran, ¿porqué perdonar a quien no me ha pedido perdón? pues mi respuesta es simple, perdona porque eres tu quien quieres salir del pasado (si de verdad es lo que quieres), perdona porque tu te mereces más que la ira, perdona porque simplemente quieres caminar hacia adelante. Perdónate y da la bienvenida a una mañana sin remordimientos, sin amarguras.
Con esto no digo que perdonar es tarea fácil, no, es difícil; pero como todo lo difícil, vale la pena y una vez lo hayas logrado no querrás volver a guardar rencor nunca más. Y no olvides que eso no significa que los demás no van fallarte o que a quien perdonaste va a corregirse, solo significa que tu cambiaste de pagina y que dejas eso en las manos de Dios (en mi caso en sus manos, en tuyo, donde quieras pero déjalo).
No hay cadena mas pesada que el odio, por eso te aconsejo, libérate y perdona, hoy.

